domingo, 27 de mayo de 2012

Y si todo es mentira…

¿Y si un día los ciudadanos empezamos a no creernos lo que nos cuentan? No hablo de los aquellos que por sistema no se creen nada, ni de los distintos grupos que se integran en esa nebulosa llamada de los indignados; ni siquiera de los que empiezan a generalizarse en las redes sociales al grito de “indignado estarás tú, yo lo que estoy es hasta los… atributos masculinos”.

Hablo de la gente común, más o menos iniciada, mínimamente informada de los aconteceres políticos, económicos y mediáticos, que por otro lado, se han convertido en la nueva y poderosa trinidad laica que tanto decide y cuenta u oculta en función de determinados, opacos y dudosos intereses particulares aunque en muchas ocasiones se trate de disfrazarlos de intereses generales.

En la era de la aldea global, de la posibilidad tecnológica de acceso en tiempo real a cualquier información, existen sin embargo, cada vez más grandes áreas de la información vedadas de acceso para el común de los mortales y amplios ámbitos en los que la mayor parte de la información que llega a los ciudadanos es información manipulada, sesgada, cuando no directamente falsa. Orwell sigue siendo referencia años después de su muerte, cuando ha quedado ya muy atrás el 1984 de su novela que conviene leer y, cada cierto tiempo, releer.

Ya lo he reflejado alguna vez más en este espejo, como en Orwell, también aquí parecemos regidos por un Ministerio de la Verdad que sirve para lo contrario y vamos construyendo una “neolengua”, la del lenguaje políticamente correcto, que simula enfrentamiento dialéctico entre los que defienden unas y otras posturas ideológicas (en el más amplio sentido del concepto ideológico, no sólo el político), y en el que sin embargo, apenas se cambia el adjetivo, no el sustantivo que es cada vez más común para todos. El que se mueve no sale en la foto, dijo Alfonso Guerra, el que se sale de las pautas del discurso institucionalizado por la connivencia de los poderes económico, político y periodístico, se queda fuera de juego.

En millones de euros, 23.000 equivale a casi cuatro billones de pesetas. Esa es la cantidad a detraer de los recursos de todos sólo para que la última entidad financiera “tocada” no termine en hundida. Y uno se pregunta -más cualificado que yo, también lo hace el economista Nouriel Roubini, el más certero anunciador de la crisis que nos llegaba-, para qué inyectar tanto dinero en las cajas y por qué no dejar caer a aquellas que tengan que caer y que sea el mercado el que ajuste las cuentas. Las económicas y las de las responsabilidades, que aquí nadie parece darse por aludido.

Y es que, si todo lo que se nos ha venido diciendo por unos y otros sobre nuestro sistema financiero era mentira, nada induce de momento a pensar que lo que ahora nos dicen sea verdad. De momento están tranquilos, sólo unos cuantos locos gritan que vestidos con mentiras vamos desnudos.

miércoles, 23 de mayo de 2012

“Sex and the Copa”

Carrie Bradshaw, protagonista de la serie televisiva “Sex and the City”, traducida para España como Sexo en Nueva York, estructura sus columnas periodísticas sobre las relaciones sentimentales entre hombres y mujeres en Manhattan, alrededor de preguntas a las que trata de dar respuestas basadas en sus experiencias y las de otras tres protagonistas.

Extrapolado de la gran manzana a nuestra piel de toro, un día habrá que escribir no una retahíla de columnas, sino una enciclopedia que recoja los cotidianos desvaríos de los nacionalistas con respecto a España. Y la primera pregunta de esa enciclopedia ya no es por qué se producen, dónde tuvieron su origen o qué errores se cometieron para llegar a donde estamos. Cuál sea la respuesta a todas esas preguntas empieza a dar un poco igual.

Estando las cosas como están, tampoco es preguntarnos hasta dónde quieren llegar los independentistas, antes con disfraz, cada vez más sin él, eso está claro siempre que paguemos otros. La primera pregunta a estas alturas debería ser hasta dónde estamos dispuestos a aguantar la mayoría, que no somos independentistas de ningún trozo de tierra. La segunda si es legítimo todo lo hacen contra la realidad, los símbolos y las instituciones que representan nuestra unión.

No sé las respuestas. Como la periodista neoyorkina, debería contestar con otras preguntas y a éstas con otras más. Pero algún día como nación tendremos que ir contestándonos tan incómodas cuestiones. ¿Es una tontería que le demos importancia a que se organice una campaña contra el himno, la bandera y la presencia del Príncipe de Asturias en la final de la Copa del Rey? ¿La contestación a esa pregunta debe estar supeditada a qué sea mejor o peor para los que organizan tal payasada? ¿En algún otro país del mundo realmente civilizado quedaría impune la actuación de diputados y partidos políticos con representación parlamentaria si éstos fueran quienes promovieran actos como los que se anuncian aquí o se convirtieran en sus máximos apologetas?

En los federales Estados Unidos es inimaginable algo así y eso que allí el deporte de elite es más espectáculo que deporte. Tampoco en Alemania o en Italia, unificadas ya avanzado el siglo XIX; en los países nórdicos, en Holanda o en el Reino Unido de Inglaterra, de Escocia, de Gales, de Irlanda. En Francia hubo un conato de silbidos al himno por parte de hijos de inmigrantes que no se sentían integrados. Fue hace unos años y se modificó la ley para amenazar con la suspensión del evento y su posterior celebración a puerta cerrada. Nunca más volvió a ocurrir.

No sé si que ellos confundan el culo con las témporas debe hacer que los que nunca pitaríamos a ninguna bandera o himno miremos para otro lado o si, por el contrario, es hora de decir basta ya. Sí sé que ellos suelen conseguir sus objetivos, y que como alguno de los personajes de la serie de Carrie Bradshaw, casi todo lo hacen por j...

domingo, 20 de mayo de 2012

El que rompe no paga

Leo que el Fiscal General del Estado Eduardo Torres Dulce, ha encomendado al fiscal jefe de la Fiscalía Anticorrupción, que proceda a investigar y depurar todo tipo de responsabilidades penales que pudieran derivarse de la gestión de las cajas de ahorro. Después de las conocidas experiencias de Caja Castilla La Mancha, CAM, CajaSur, Bancaja-Bankia, Caixa Catalunya y otras cuantas… casi todas, uno imaginaba que esa orden de depuración penal ya estaría dada o, mejor, que no hiciera falta una instrucción específica para que esa investigación se llevara a cabo ante los primeros indicios de quiebra manifiesta.

Claro que quizás esa depuración tendría que empezar por el propio gobernador del Banco de España que ha aprobado balances y resultados falsos de toda falsedad y ha ayudado a camuflar otros. También por haber permitido que decenas de miles de pequeños ahorradores hayan sido directamente estafados por cajas y bancos con las famosas preferentes y otros productos del mismo tipo, que en ningún caso se consideran, de acuerdo a la normativa que regula las relaciones entidad-ahorrador, susceptibles tan siquiera de ser ofertados a clientes sin una vasta cultura financiera.
Pero más aún que el hecho del retraso en la depuración de las responsabilidades penales por la nefasta gestión, por la percepción de cantidades no justificables, por el otorgamiento de créditos más que dudosos y en condiciones de saldo a los directivos, o por la financiación gratis o a fondo perdido de partidos políticos y sindicatos, lo que sorprende –si es que en este mundo peculiar que es la intersección entre la política y las cajas queda algo que pueda sorprender- es que aún no se haya exigido responsabilidad alguna, no ya penal sino política (y sindical), a aquellos que en número francamente superior al necesario han venido desempeñando “responsabilidades” directas de gestión y control en los Consejos de Administración y otros órganos de las cajas de ahorro, cobrando legítimamente por ello.

Antes incluso que la vía penal, debería haber una exigencia clara de responsabilidades a aquellos que cuando todo iba bien presumían de ser el alma de las cajas y ahora se ocultan, pero sin renunciar a nada. Sin ir más lejos, aquí en Castilla y León, donde nos contaban que estábamos creando el famoso “músculo financiero” de la Comunidad con las fusiones de las cajas regionales y al final resulta que ha tenido que venir una caja de Andalucía a quedarse con ellas para intentar sacarlas del vergonzante fondo cenagoso en el que se hundían sin remisión.
La mayoría de los responsables siguen aún en sus asientos de consejo, casi todos siguen en política o son liberados sindicales, como si nada hubiera pasado. Es más, incumpliendo una obligación legal y en contra de lo que pasa en otras cajas, a los ciudadanos ni siquiera nos cuentan cuánto percibe cada uno de ellos (legalmente pero sin transparencia) por su presencia en Caja España o Caja Duero, por poner un ejemplo no más.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Rayos, truenos y centellas

¡Mil millones de rayos, truenos y centellas! Vociferaría malhumorado el Capitán Haddock, compañero de Tintin. El viajero más que reportero personaje creado por Hergé. Mil millones de rayos truenos y centellas, hubiera repetido, acompañado de una retahíla de palabras comunes o inventadas convertidas en invectiva por la ametralladora boca del barbudo capitán. Probablemente el más prolífico creador de insultos de la historia.

Un rayo. Un rayo perdido cayó sobre el avión del nuevo presidente francés apenas investido, cuando emprendía su primera misión. Solo unos minutos hacía que su avión había despegado de París, la mitad del corazón de Europa que diría nuestro anterior presidente del Gobierno, al que muchos comparan con Hollande en menosprecio a éste, para dirigirse a Berlín, la otra mitad de la víscera cordial, donde lo esperaba el primer toro que lidiar, disfrazado de Angela Merkel. Será tal vez un aviso de los astros.

Será tal vez que todo se confabula contra Europa, a la que ya en la antigua mitología griega secuestró Zeus, transformado en bellísimo toro, quizás tan bello como el que simboliza el mercado de los mercados. Wall Street. El dios de los dioses griegos se la llevó a Creta donde la hizo suya para siempre. Se desangra Europa, se hunde Europa, se putrefacta Europa y de ella empiezan a surgir como gusanos, amenazas totalitarias.

Grecia, abocada a ir otra vez a las urnas, cada vez más desengañada, defraudada por los políticos al uso, parece buscar con fe ciega traicionarse a sí misma, cuna de la democracia, palabra y obra, poder del pueblo, para entregarse a los extremos. Neonazis por un lado, comunistas por el otro. Son las dos fuerzas que emergen, demostrando una vez más que los extremos se tocan y que es el mismo y único su caldo de cultivo. El humus en el que germinar, la descomposición de los principios democráticos. El rapto de la libertad individual por el “establishment”, las elites político-económicas que todo lo acaparan. François Hollande pertenece a ellas, nació en ellas, a diferencia de Sarkozy que era un intruso, no es previsible que de él llegue la solución.

El euro que se rompe, las bolsas que tiemblan, el barco que zozobra. En las bodegas anegadas una grieta, Grecia. Un boquete, España. Otros que amenazan, Italia… Menuda travesía. Lo que un mes antes parece impensable, un mes después apunta a realidad. Ya nadie apuesta más que al negro y los números salen rojos como en mitológica metáfora. Rojos los números. Negro el futuro.

Y sin embargo algunos se salvan. Alemania que crece. El Reino Unido que nunca fue euro. Finlandia que es transparente. Muchos otros en el mundo. Tiene que haber una salida para la Europa secuestrada y para España que está a la cola. Hay que encontrarla. La escultura de Wall Street representa a un toro, el símbolo del optimismo, agresividad y prosperidad financiera. No nos quedemos solo en la piel. Mil millones de rayos, truenos y centellas.

domingo, 13 de mayo de 2012

Investigar en España es llorar

Según un estudio del Departamento de Estudios Sociales y Opinión Pública de la Fundación BBVA, el 46% de los españoles no es capaz de nombrar un solo científico de cualquier época y nacionalidad. Ahí es nada, la mitad de los españoles no es capaz de recordar un solo nombre. Dicen que las estadísticas no son más que una moderna y refinada forma de la mentira, pero en este caso, peor que los datos arrojados por las 1.500 entrevistas realizadas, es que el resultado no sorprende.

Es verdad que, en esta sociedad de presente corto y olvido rápido, hace ya demasiado tiempo que no generamos muchos científicos de relumbrón y con reconocimiento, a pesar del esfuerzo de cientos de investigadores que, sin medios prácticamente, intentan cada día aportar algo nuevo y algo bueno a la humanidad. Es cierto que nuestros dos únicos científicos que lograron hacerse con el premio Nobel, ya no viven. Pero no deja de ser dramático que sólo un 5% de los encuestados nombrara a Santiago Ramón y Cajal autor del lamento que titula este “Espejo” y un 2,5% a Severo Ochoa.
Uno es consciente de cómo somos en España y no vamos a pedir la misma popularidad para los científicos que la que tienen Cristiano Ronaldo, Messi, Kubala o Di Stefano, pero vaya si es grave que ni siquiera la imagen de Einstein sacando la lengua en la famosa fotografía de Arthur Sasse, que se convirtió en icono mundial y de la que no debe quedar un objeto sobre el que no haya sido impresa, viniera a la mente de los entrevistados. O Newton con la manzana cayendo sobre él como la inspiración que viene del cielo. O Fleming, cuya penicilina inició la era de los antibióticos salvando millones de vidas en todo el mundo y que en España se convirtió desde su llegada en 1944 y a lo largo de esa y la siguiente década en uno de los productos más codiciados por el estraperlo. O Marie Curie, dos veces Nobel con toda una vida trabajando en torno a la radiactividad, o Edison y sus más de mil inventos entre ellos la bombilla. Como para recordar a Barbacid o Grisolía.

El trabajo abarca 10 países europeos (España, Italia, Francia, Países Bajos, Alemania, Austria, República Checa, Polonia, Reino Unido y Dinamarca) además de los EEUU y los peores resultados en cuanto a conocimiento objetivo de cuestiones científicas han sido los nuestros, detrás de Polonia e Italia, con datos que sitúan a la España actual a la altura de los EEUU de hace ¡70 años!
Más allá que un simple resultado estadístico circunscrito a la ciencia, el dato es significativo pues cuanto más formada esté una sociedad y más cultura científica atesoren sus ciudadanos, más se estimulará el pensamiento crítico y el libre albedrío. Claro que eso no es algo que en España haya interesado nunca demasiado a sus elites dirigentes políticas, sociales e incluso académicas.

jueves, 10 de mayo de 2012

Las formas y el fondo

Acababa mi columna del pasado domingo hablando de cómo es posible que siendo los partidos políticos el instrumento básico de articulación de nuestra democracia representativa sean éstos a su vez y en su funcionamiento interno, el menos democrático de los instrumentos institucionales. Decía y recuerdo que es difícilmente presentable y desde luego nada justificable que un partido celebre su congreso provincial (teórico máximo órgano de gobierno) con la participación real de menos de cuatrocientos (de ellos menos de trescientos por elección) de los más de cinco mil afiliados con los que cuenta.

Podrían citarse muchos otros ejemplos similares en toda España en los que un reducido grupo de militantes se hace cargo de la dirección de una formación política y a partir de ahí son poco menos que inamovibles pues se convierten en juez y parte. En legislativo y judicial. Se ven muy ayudados, eso sí porque si en los partidos políticos anida un irredento miedo a la libertad y a la participación en muchos de sus dirigentes, casi en la misma proporción anida en muchos afiliados representativos, el temor a perder el estatus obtenido o a no alcanzar el que se desea en caso de manifestar su opinión libremente.
Se dice que en democracia, como en derecho, tan importantes son las formas como el fondo. O quizás más, porque si las formas se pudren por el despotismo o el nepotismo, será imposible que el fondo de los asuntos verdaderamente trascendentes para la convivencia social se libren de la contaminación. No es baladí. Cuanto más arriba está una nación en los índices de transparencia en la actividad pública mayor estabilidad social y económica mantiene y mayor resistencia opone ante cualquier episodio de crisis.

España en esto sigue estando demasiado encasillada en el grupo de los países mediterráneos. Los del sur de Europa y los del norte de África. Con Italia, Grecia o Marruecos, ninguno de ellos un ejemplo de respeto democrático en sus instituciones frente al centro y ya no digamos el norte de Europa o los Estados Unidos. Ninguno de ellos es, tampoco, un ejemplo de fortaleza económica, de cohesión social, de país de vanguardia.
Por eso, cuando algunos se toman poco menos que a pitorreo eso de las formas y muchos les ríen la gracia o callan para no “señalarse”, no sabe uno quiénes de los integrantes de ambas divisiones son más culpables de todo lo que luego ocurre, ni quiénes los que salen más beneficiados de un clima marcado por tanta podredumbre.

Es lo que hay. Cambiará aunque no será pronto. Mientras tanto, España no es sino el espejo de los españoles, en lo bueno y en lo malo, como nuestras instituciones, nuestros partidos, nuestros sindicatos, son simple y llanamente nuestro reflejo, el de los que formamos parte de ellos y el del conjunto de los ciudadanos que permitimos que las formas nos lleven al fondo.

domingo, 6 de mayo de 2012

Un hombre un voto

Si no supiéramos sobradamente las causas, resultaría sorprendente y paradójico comprobar cómo a pesar de la normalización en los hábitos democráticos que trae el paso del tiempo y del avance tecnológico que permite de manera cada vez más sencilla cumplir el viejo sueño de los demócratas de un hombre un voto, la propuesta sigue siendo utopía en aquel ámbito en que más deberían lucir las formas democráticas.

Choca -y no porque lo haya escrito ya en multitud de ocasiones voy a dejar de reiterarlo-, que sea en los modos internos de los partidos políticos donde mayor déficit democrático se mantiene. No en la letra o el mero formalismo, que en esto los estatutos de unos y otros son un prodigio de respeto democrático y garantía participativa. Es el fondo, la sustancia real, lo que falla escandalosamente. Y aquí volvemos al repetitivo un hombre un voto que no sólo no promueven sino que ponen todo el empeño en prohibir en estatutos y reglamentos.

Solo hay un problema para que cada militante pueda emitir su voto libre, secreto y directo hacia aquellos que desee tener por dirigentes. Hacia aquellos con los que sienta una mayor afinidad ideológica, una mejor empatía o en cuya capacidad, trayectoria o forma de ser y actuar confíe. Esto ocurre precisamente en el contexto político, donde se disputa para algunos un medio de vida y se juegan en primera línea las fichas del poder.

Interesa a unos pocos el control absoluto de los movimientos del conjunto de los afiliados para que nada pueda alterarse en el orden establecido por esos pocos. Que el conjunto se mueva uniformemente, como un fluido se desplaza por una tubería, encauzados, sin versos sueltos que defiendan que las opiniones pueden ser más o menos significativas en función de quién provengan, pero que el voto debe valer lo mismo.

El filósofo alemán Jürgen Habermas, que ha servido de inspiración a más de un dirigente destacado del centro derecha español –aunque más bien para otras cosas-, habla con carácter general en el mundo de la política de partido, institucional e incluso internacional, de la confrontación élites opacas contra pueblos demócratas, el “sistema” contra el mundo de la vida. El aparato contra las bases hemos oído decir también en múltiples ocasiones. El control o la tutela con ciertos tintes caciquiles frente a la libertad individual, la autonomía de criterio, el libre albedrío en suma.

El partido popular de Zamora acaba de convocar su congreso provincial, el teórico punto de encuentro de los cinco mil zamoranos que militamos en él y donde corresponde elegir a aquellos que hayan de dirigir la formación para los próximos –y muy complejos- años. Pero sólo menos de 400 serán los que podrán efectivamente introducir su papeleta en la urna con el nombre de su candidato a presidir el partido hegemónico de nuestra provincia. Menos, por ejemplo, que los que pueden votar a sus dirigentes en cualquiera de las cofradías de nuestra Semana Santa.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cuando la equidistancia es ofensa

Anda el Gobierno enredado en una práctica muy peligrosa en materia antiterrorista y con la que debe tener sumo cuidado si no quiere dar las alas del triunfo a quienes sólo han dejado de matar, secuestrar y coaccionar por estar presos o derrotados.

No siempre es fácil para el gobernante evadirse a la peligrosa tentación de jugar con las víctimas como si fuesen simplemente piezas a las que se puede manejar libremente sobre el tablero de la estrategia política. El maquiavélico ejercicio de dar confianza al enemigo para que se avenga al acuerdo a costa de alejarse de los postulados del amigo da, en muchas ocasiones, grandes frutos pero no por ello deja de ser moralmente reprobable en según y qué casos.

En este terreno, siempre que ETA ha sufrido algún duro golpe o como ahora por su debilidad manifiesta se ha visto obligada a plantear una tregua –como si de un conflicto entre dos bandos equivalentes se tratara-, los cantos de sirena de nacionalistas y buenistas han tratado de llevar al Gobierno de turno hacia la flexibilidad con los terroristas a los que con imprudente rapidez se les empieza a tratar de ex terroristas. Se asume entonces, al menos de manera tácita, por amplias capas de la sociedad y casi todos los creadores de opinión que tienen que hacer gala de ser políticamente correctos en sus tribunas, que es un mérito dejar de asesinar y que ese mérito debe ser premiado, ya con beneficios penitenciarios, ya suavizando la acción de las fuerzas del orden, ya con la laxitud de la Justicia.

Cualquier Gobierno, que lo que quiere es que desaparezca esta lacra, siente entonces la tentación de abandonar la firmeza de la respuesta, no siendo que por ser demasiado rígidos puedan poner en riesgo el recién abierto sendero hacia la paz. Lo hemos visto una y mil veces, aquí y en decenas de lugares en el mundo y en la historia y se abdica de lo que ha servido para poner contra las cuerdas a quienes atentan contra la convivencia social, por la razón principal de que ahora han cambiado las cosas.

No tengo ni la más mínima duda de que nuestro Gobierno quiere acabar con el terrorismo definitivamente, tampoco de que busca que los terroristas paguen por ello, pero con algunos de sus últimos pasos –de momento sólo amagos, afortunadamente- las víctimas temen que se las quiera situar en el mismo plano que a quienes las han agredido. Hablar tanto y tan pronto, cuando ni siquiera ha habido una entrega formal de las armas, de poner al asesino frente a su víctima para que muestre arrepentimiento a cambio de beneficios para aquél, suena demasiado a trampa y a nueva ofensa para éstas.

En esto y en otras cosas, la peor de las injusticias es situar el fiel de la balanza equidistante entre lo justo y lo injusto. Entre el culpable y el inocente.

domingo, 29 de abril de 2012

La crisis, el paro y el ejemplo Madrid

Para nuestra desgracia, en esta ocasión más que nunca, comprobamos cada día que crisis no es una palabra abstracta sino un drama concreto y diario para cientos de miles de empresas, personas y familias. Los datos, descarnados y descorazonadores del paro, son un martillo con el que la realidad golpea nuestras sienes. Los del número de familias con todos sus integrantes desempleados un rodillo que aplasta las expectativas de futuro de millones de españoles. Los de la desaparición de empresas, una gruesa y pesada cadena que atenaza cualquier atisbo de recuperación económica a corto, medio y casi largo plazo.

En política, donde quince días es largo plazo, por primera vez se percibe cómo el lenguaje va dando un giro copernicano y, en términos económicos de producto interior bruto, de crecimiento y de empleo, ya no se habla de trimestres, semestres o años naturales, sino de bienios, trienios, lustros y décadas. Eso en el fondo es una muy mala noticia, pero en la forma, esa pasada por la crudeza de la verdad es buena para el discurso político y para la vuelta a la conexión entre los ciudadanos y sus representantes.
Quizás con ello se consiga que muchos de los son, hemos sido o serán políticos, abandonen esa percepción de casta impermeable a la influencia de la sociedad real, de gota de aceite flotando sobre el agua en la que no se disuelve, de compartimento estanco, de ecosistema cerrado. Con la verdad frente a la realidad.

De la crisis tardaremos en salir más de lo que tardamos en entrar -que aunque algunos se llamen a nuevas, no fue cosa de 100 días ni de unos meses-, con un plazo proporcional al tiempo que se perdió sin reconocer la situación, al tiempo y los recursos que se despilfarraron de manera culpable sin tomar las medidas que pudieran minorar los efectos negativos y anticipar la recuperación. Bienvenida sea, pues, la sinceridad, la honradez intelectual y la responsabilidad en la toma de las decisiones, también de las impopulares pero necesarias.  
Para el futuro de Castilla y León un paso clave vendrá de cuál sea el diseño socio-económico que se derive de los trabajos para la elaboración de la Ley de Ordenación del Territorio y que dirige Rosa Valdeón. Porque nuestra región es eminentemente rural, fundamentalmente de población envejecida, con alta aversión al riesgo y escasa tendencia al emprendimiento. Y con ello, también, el seguir sendas demostradas exitosas.

En España y en este momento, sólo una, la de la Comunidad de Madrid y su línea liberalizadora, aperturista, modernizadora y reformadora. La que la lleva a ser la única región española en la que el empleo crece y la tasa de paro es casi cinco puntos inferior a la media nacional. Cuya economía creció en 2011 el doble que el conjunto del país y que ha alcanzado la renta per cápita más alta de España.

domingo, 22 de abril de 2012

La civilización del espectáculo

Agradezca el lector que hoy en mi columna, más que míos, tome prestados argumento y palabra de Mario Vargas Llosa, de quien, en este abril, leí una entrevista en la que alertaba sobre la muerte de la cultura en esta época de frivolidad. Lo hacía desde su casa de Lima, anclado entre el paso de las hojas del mar sobre la orilla que al parecer puede contemplar desde su ventana y las olas de libros de su vasta biblioteca en la que tantas y tantas veces se habrá sumergido el escritor.

Banalización de la cultura, ésa es la gran amenaza, ya realidad en buena medida lo que, dice, le provoca disgusto, preocupación, angustia y perplejidad y es el eje conductor de su último libro, publicado en forma de ensayo. La sustitución paulatina de la palabra por la imagen, del afán de trascender el presente que siempre tuvieron el arte y la cultura por otros productos de los que hoy se crean para ser consumidos al instante y desaparecer como las palomitas.

Retoma con este lamento el de Arequipa el eco de otros similares repetidos a lo largo de la historia, a gritos unas veces, quedamente en otras, -por no ir muy lejos, Ortega lo expuso en su ensayo “La Deshumanización del Arte”, pero en la actual revolución del tiempo y de la imagen, toma más fuerza que nunca-. Como nos recuerda, el discurso, hablado o escrito, ha sido siempre la columna vertebral de la conciencia. Pero las nuevas generaciones crecen en un mundo donde la palabra está subordinada a la imagen.

Incide Vargas en que por ejemplo en el campo de la pintura, la victoria de los farsantes es total -algo que empieza a ser reconocido ya por importantes corrientes intelectuales- las artes plásticas son juego y farsa y nada más, con la complicidad de críticos papanatas que confieren estatuto de artista a los que, como mucho, son ilusionistas. Hoy tenemos artistas que defecan en público -o que meten las heces en un bote y las venden o conservan en formol y exponen los cuerpos inertes de perros o tiburones, como los cotizadísimos Manzoni y Hirst-.

La cultura no puede ser improvisación, sino profundidad, no superficie o liviano entretenimiento sino fruto del esfuerzo en el estudio y el trabajo para elaborar la obra. Y es, como también nos recuerda el Nóbel, uno de los pilares básicos para que una sociedad se mantenga sana. Sin una cultura fuerte, la corrupción lo va arrebatando todo. Acaba también con la democracia y la convivencia basada en la ética y el respeto a los demás. Corruptos ha habido siempre. El cinismo es lo que acaba con la democracia, esa actitud que consiste en aceptar que la corrupción es connatural al sistema. Ése aceptar que los más talentosos no estén en la política, y dejar que se quede como una actividad para mediocres, porque el ejercicio de pensar se ha devaluado.

jueves, 19 de abril de 2012

CFK. Los otros dictadores

Que hay dictadores en todos los regímenes políticos es una certeza difícilmente cuestionable. Ejemplos hay y muchos a lo largo de la historia. No sólo de aquellos que aprovechándose de la democracia para acceder al poder luego la subvierten y sobre su destrucción asientan la dictadura o el totalitarismo. Estos, al menos, lo hacen sin tapujos. Desdeñan las virtudes del menos malo de los modos de gobierno conocidos, que diría Churchill, en beneficio de los vicios de aquel que consideran óptimo, el culto al militar con más apoyos, al partido con vocación de único o al soberano que se siente un dios.

Casi peores que ellos -digo casi, porque éstos aunque no suelen robar menos, no matan tanto- son los otros dictadores. Los que aunque mantienen las apariencias democráticas, actúan impelidos no por el imperio de la ley, sino por la máxima “el fin justifica los medios” y ese fin no suele ser otro que la preservación del poder alcanzado en todas sus facetas. Poder político, provecho económico, control social y protagonismo mitómano.

Cristina Fernández de Kirchner, CFK como la denominan sus aduladores a imagen de JFK, es un ejemplo claro de los políticos que utilizan las reglas democráticas para saltarse todas las reglas democráticas. CFK exuda por todos sus poros ese populismo dictatorial que tan buenos réditos rindió siempre a los peronistas en Argentina y a tantos otros en todas las latitudes. No es peor que otros que la precedieron bajo sus mismas siglas, ni la hace peor en sí el hecho de que haya decidido expropiar, o más bien según se anuncia, expoliar a una empresa española que previamente había sacado las castañas del fuego a una empresa Argentina que antes estuvo arruinada y ahora es rentable.

Los peronistas son una de esas castas que siempre han vivido del voto de los más necesitados a los que, en justa compensación, siempre han ido convirtiendo en más pobres y por lo tanto necesitados de protección, en un círculo vicioso que una y otra vez se retroalimenta. Ellos, antes y después de las dictaduras militares, que también contribuyeron lo suyo, hicieron el gran milagro argentino, convertir a la que en los albores de la segunda mitad del siglo XX era una gran potencia económica mundial, en lo que es hoy. Un país tercermundista en lo económico que sigue año a año cavando aún más hondo en la fosa en la que está sumida.

Unas veces los hundimientos empiezan en lo político acabando con los principios de seguridad jurídica y estabilidad institucional que dan solvencia a un país y garantías a su economía. Otras es al revés y empiezan minando la libertad económica, de propiedad y empresa. Lo que es inexorable es que sea cual sea por la que se empiece, normalmente siempre termina con el hundimiento completo. No sólo es Repsol, es Argentina. No existen países ricos y pobres “per se”, sino países bien y mal administrados.

domingo, 15 de abril de 2012

Antimonárquicos reales

No tengo muy claro qué es lo que queda más demostrado, si que España es monárquica hasta los tuétanos, tendré que pedir perdón por escribir tal herejía el día en que algunos conmemoran la proclamación de la Segunda República, o bien que la actual monarquía es española de los pies a la cabeza a pesar de su origen no hispano sino francés. Tampoco sé cuál de las dos demostraciones será mejor.

Como si no explicar las vidas paralelas del Rey y la Nación. Mientras España se debate entre la UCI y el quirófano, y no sólo en lo económico, al primero de sus ciudadanos se le quiebra una cadera, la derecha, mal augurio para el Gobierno. Estaba en África que, según muchos analistas internacionales, vuelve a comenzar en los Pirineos gracias a la catástrofe económica que a Rajoy y a todos nos han legado. Dicen que cazaba elefantes a los que, como Don Quijote a sus molinos, imagino imaginaría despiadados especuladores internacionales de colmillos afilados, Angelas Merkel de mirada desconfiada, o burócratas europeos con brazo largo y estrangulador en forma de trompa.

La bolsa, la confianza de los mercados y nuestra solvencia internacional caen por un precipicio como ocurre con las reservas de calcio del monarca, haciendo que cualquier movimiento ponga en riesgo la solidez del organismo entero. Me temo que en uno y otro caso hace falta urgentemente un chequeo completo, un cambio de hábitos, modos y costumbres, una reconstrucción integral y desde la base. Que no bastan parches, retoques y pequeñas actuaciones.

España se dio un tiro en el pie cuando sus gobernantes y buena parte de la opinión institucional pública y privada de este país se empeñaron en negar la crisis que ya nos asolaba. También en esto como el nieto de Don Juan Carlos al que, tan inconscientemente como a los españoles en las urnas con Zapatero, se le disparó una escopeta para la que no tenía ni edad legal ni condiciones. Otro paralelismo más y van sólo dos de la amplia gama de los que podemos elegir, como que en España se sigan considerando miembros de la Casa del Rey, lo que luego trae lo que trae (o se lleva), a sus hijas que superan ampliamente los 40 y con ellas a los yernos.

Este último quizás sea otro gesto de sublimación de la situación de tantos jóvenes, y ya no tan jóvenes, que sin empleo ni recursos propios, por la lacra del paro la mayoría o por la falta de ganas de marcharse en algunos casos, nunca abandonaron el domicilio paterno.

No sé si España es monárquica, republicana o como más bien creo, cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre, pero pocas veces como en los últimos meses, semanas y días, ha hecho nadie tanto por el descrédito de la monarquía como sus máximos titulares. Con una excepción, el Príncipe Felipe. Quizás no todo esté perdido.

miércoles, 11 de abril de 2012

Ni intocables ni tabúes

Ni nerviosos ni confiados, ni asustados ni pasmados. Para las situaciones críticas y esta lo es, es para lo que necesitamos la política y en ellas es donde se distinguen los estadistas de los titiriteros del cargo público. En ese terreno es donde Rajoy y el nuevo gobierno recién estrenado están jugando, y se la están jugando, porque si algo no va a dar la izquierda recién desalojada del poder es tiempo para que se puedan ver los frutos de las reformas, y para muestra basta con ver lo que han tardado en convocar la primera huelga general, si algo no va a tener es compasión ante cualquier síntoma de debilidad de sus sucesores, si algo no va a demostrar es prudencia ante la pasividad que en cualquier momento caracterice la acción de gobierno.

El Gobierno tiene la legitimidad especial de los ciudadanos que deriva de la mayoría absoluta que acaba de obtener en las urnas y en función de ello debe actuar. Sin precipitaciones pero sin rodeos, máxime cuando los equipos del Partido Popular han tenido muchos meses para analizar la situación hacia la que nos conducían la crisis económica y las medidas del anterior ejecutivo. Muchos meses para conformar el programa, las líneas directrices y hasta las personas que debían llevarlos a cabo.

Ya ha habido un preocupante traspié con la renuencia a remover nada especialmente significativo antes de que se celebraran las elecciones andaluzas. Un tropiezo se supera sin problemas pero los siguientes, de producirse, limarían sobremanera la confianza en la capacidad de gestión de un partido que, si algo demostró por encima del resto, en su anterior etapa al frente del país fue precisamente eso, contar con los mejores equipos para la gestión, los mejores programas y los mejores resultados.

No puede ser que el miedo a ser políticamente incorrectos lleve a nuestros gobernantes a la paradoja de que sea más lo que se hable de recortar que aquello a lo que realmente se aplique la tijera aún siendo superfluo. Tampoco que el temor a los mercados o a los más poderosos socios europeos, nos lleve a tratar de saciar las fauces del Estado (y los estaditos autonómicos) o de la banca a cuenta de detraer más y más recursos de la sociedad y la economía productiva por la vía de incrementar los impuestos. Y eso que por no sé qué extraño filtro de hechicería existe ahora un terrorífico consenso (a mí que me borren) para propagar que es bueno, conveniente y salvífico subirlos.

De cara a la economía real, tras las primeras acciones de choque, va siendo más tiempo de reformas que de recortes y tributos si queremos crecer y salir adelante. A esas reformas debe enfrentarse el Gobierno (y los gobiernitos en sus múltiples escalones) con convicción, firmeza y templanza. Si no hay pan, menos aún debe haber vacas sagradas. Ni competencias duplicadas, ni instituciones prescindibles. España está en juego. Ni intocables ni tabúes.

domingo, 8 de abril de 2012

Esfuerzo o milagro


La imborrable influencia del catolicismo, marcada profundamente en el código genético de los españoles -no menos en el de los ateos que en el de los creyentes-, nos hace fervorosos convencidos de la cotidiana existencia de los milagros. Debe ser que como a lo largo de la historia en múltiples ocasiones fuimos más papistas que el Papa y nos creímos en la obligación de mantener, defender y extender la fe católica frente a las herejías europeas y el paganismo de ultramar, seguimos pensando que la Divina Providencia está en deuda con España.

Sólo así se entiende que pensemos colectivamente, aunque no siempre lo digamos, que de la feroz crisis en que nos seguimos hundiendo vamos a salir de la noche a la mañana, a las primeras de cambio, apenas se ha producido un cambio de gobierno y se han adoptado unas cuantas medidas cuyos resultados no podremos comprobar hasta que pase el tiempo necesario, que no tiene por qué ser poco.

El español sigue convencido que de la situación económica más o menos acuciante en la que se encuentra sumergido, lo van a sacar los otros, el Estado, el Gobierno, Europa… y casi todos los españoles se creen con derecho a ello, sin caer en la cuenta de que es de justicia que como contrapartida ello acarree un más intenso y mejor cumplimiento de los deberes y obligaciones que a cada uno competen. Pone el dedo en la llaga quien nos recuerda que esto no va a ser fácil, ni rápido, ni cómodo. Acierta quien habla de la necesidad del esfuerzo y del sacrificio, aunque yerra al añadir habitualmente la coletilla “conjuntos”.

Con loables aunque muy escasas excepciones, aquí nadie actúa movido por la búsqueda del bien común sino del propio, aunque como está mal visto exteriorizarlo, se oculta tras mensajes de utopía. En franqueza nos ganan aquellos otros ciudadanos del mundo en cuyo código genético figura impresa la marca de la Reforma. Frente al católico que siempre se escuda en el rebaño, el protestante, también creyente o ateo, cree en la capacidad de cada oveja para salir adelante y eso termina haciendo el rebaño más fuerte y más unido. Mientras aquí seguimos viendo con malos ojos y siempre bajo el prisma de la sospecha al que prospera y se enriquece, aunque sea porque trabaja, se esfuerza y se sacrifica más que los demás, el sajón lo convierte en modelo a seguir, referente social.

En aquellas naciones, el hombre puede hacerse a sí mismo. La búsqueda de la prosperidad individual lleva al desarrollo, la riqueza y el crecimiento conjuntos. En esta España nuestra, esta Castilla histórica y esta Zamora tradicional, la espera de que la solución a lo de cada uno provenga de otros, del común o de un milagro, nos lleva a ser más pobres o, en términos más al uso, a perder competitividad individual y colectivamente. Sempiterno el debate entre liberalismo y paternalismo providencialista.

domingo, 1 de abril de 2012

Fuerzas de flaqueza

Ante situaciones excepcionales, medidas excepcionales, sería el resumen más esquemático de la rueda de prensa del viernes en la que el Gobierno presentó el proyecto de presupuestos para lo que queda de 2012 y las medidas de ajuste propuestas.

A estas alturas nadie duda de la excepcional y grave situación actual y eso aunque aún no conozcamos con detalle los múltiples agujeros que nos rodean tanto en el ámbito público como en el privado. Porque sigue sin saberse, al menos en el nivel de información ciudadana, el diámetro y profundidad de las deudas de administraciones públicas, bancos y cajas de ahorro o de las grandes y medianas empresas y corporaciones.
El problema no es sólo el calibre de los boquetes de este queso de gruyère (gruyer, según la RAE) en que se ha convertido la piel de toro, sino, como bien saben los pequeños empresarios y los autónomos, que hasta aquellos que hoy tienen solvencia, mañana mismo pueden sufrir un impagado que los lleve al cierre. Otro tanto cabe decir de los asalariados. Salvo los empleados públicos, nadie a día de hoy tiene seguro que su empresa vaya a poder seguir pagándole su nómina el próximo mes. Por razones obvias no puedo hablar de las percepciones en los años de la crisis del petróleo del 73, pero al menos de entonces para acá, nunca se vivió un escenario con la gravedad e incertidumbre del actual.
Ante esto el Gobierno, el nacional, los autonómicos y los locales, han de tomar medidas que nunca adoptarían en condiciones medianamente normales. Por ejemplo los recortes en las áreas más sensibles para la opinión pública, como los servicios sociales, la cultura o el deporte, que han despertado gran polvareda en Zamora en estos días. Son duros recortes aunque aún puede que se suavicen en algo, pero es que todos aquellos que están en esos ámbitos han de ser conscientes de que también ellos han de ajustarse al momento, por duro que esto sea. Al final, un país o una ciudad han de tener los servicios, prestaciones y actividades que puedan costearse privada o públicamente. Para el resto habrá que dar un paso atrás y esperar tiempos mejores.
Algunas de las medidas anunciadas gustarán a algunos, otras a muchos y muchas a casi nadie, pero esto es lo último en que nuestros gobernantes han de pensar. No es tiempo de fotos bonitas sino de mono de trabajo y manos a la obra aunque ello implique el riesgo para ellos de salir quemados como bonzos. Ayuda que, con la excepción de Galicia y País Vasco, hasta dentro de tres años no se prevean elecciones. No ayuda tanto el perfil que adorna a muchos de nuestros políticos, pero es en las situaciones críticas cuando mejor podremos descubrir quiénes dan la talla y quiénes no. Es tiempo de fortalezas, no de servilismos. Tal vez podamos llevarnos alguna sorpresa positiva, a las negativas estamos más acostumbrados.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Mirar para otro lado

Andalucía votó, lo hicieron sus ciudadanos, tan libremente como los de cualquier otro territorio de esto que aún se llama España, y votaron porque continúen los mismos y sigan haciendo lo mismo que han hecho hasta ahora.

En los días previos, los periódicos decían que iba a ocurrir lo contrario de lo que finalmente decidieron las urnas y decían también que a los andaluces les preocupaba mucho la corrupción, se supone que porque están en contra de que campe por doquier en el funcionamiento de una administración que lleva 30 años ininterrumpidamente en las mismas manos, agendas y bolsillos.

Parecía, una vez más craso error, que los votantes decían la verdad al ser encuestados y que apostaban mayoritariamente por la necesidad de la catarsis. Renovar a los inquilinos en los palacios institucionales, abrir las ventanas, cambiar el aire viciado al que, de manera casi inevitable, conducen estancias tan prolongadas en el poder. En lo económico, sólo en el caso de los ERES fraudulentos se dirime judicialmente la desviación de tantos millones de euros que pasados a pesetas parecen cifra imposible. En lo social, lo ético, lo estético, otro tanto se puede decir de los veinticinco mil de cocaína al mes o de las madres, padres, hermanos y esposos subvencionados y pensionados de por vida por pertenecer a la plantilla de empresas a las que nunca hasta su extinción pertenecieron.

Todo demócrata reprueba la corrupción, pero de entre los corruptos, sólo a los adversarios. En Andalucía, como en el resto de España, importa más el hecho de que sean “de los nuestros”, en cuyo caso lo mejor es mirar para otro lado.
La más alta tasa de paro de nuestro país, en todos los rangos de edad, sexo o grupo de actividad económica, parecía ser también argumento de suficiente relevancia como para contrarrestar la fuerza de la inercia que dan más de tres décadas de continuismo.  Pero no lo fue. La alternativa era lo que de todos modos va a ser, no para los que se lo llevan en crudo, sino para los demás, sacrificio, esfuerzo, recortes de prestaciones sociales. Pagar aquello que aún debemos y aquello que se va incorporando.

Y eso, ahora que empieza la primavera, se ha hecho demasiado cuesta arriba para quienes tenían en su mano la decisión. No sorprende, ya más veces lo hemos visto, tantas son las ocasiones en que ante la certeza de lo que ha de pasar, la mayoría prefieren mirar para otro lado, silbar al viento y hacer como si fuera posible desentenderse de lo que ya llegó y de lo que está por venir.   
Y mientras Andalucía decidía, Cataluña daba un paso más; palabras pero qué importantes son las palabras. Nacionalidad, País, Nación, Estado. Ambiguo para quien lo quiere ver todo ambiguo, aunque nítido, premeditado, concienzudo, estudiado. Una consecuencia de tantos momentos en que quienes no deberían hacerlo optaron por mirar para otro lado.

domingo, 25 de marzo de 2012

Todo se desquicia

España entera, bueno la España futbolística, que en estos tiempos viene a ser España entera, debate sobre polémicas arbitrales, conspiraciones y paranoias. Como si en el conjunto de una temporada y uno por uno en el noventa y nueve por ciento de los partidos, las decisiones de los árbitros no beneficiaran precisamente a los dos grandes clubes a los que por turno tanto les gusta aventar su imaginario papel de víctimas. No es que no haya cosas más importantes por las que debatir, más bien todo lo contrario. Más bien lo que ocurre es que el panorama se ve tan crudo que hay que buscar vías de escape en asuntos finalmente insustanciales.

Cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana es algo que cantaban Manolo García y Quimi Portet en “El Último de la Fila” y si ni el amor resiste, cómo van a hacerlo la coherencia, la cordura o la sensatez. España está convulsa, la pobreza llamada crisis llegó por sorpresa cuando habíamos asumido el estatus de nación si no rica, sí privilegiadamente acomodada y, varios años después de que la coyuntura favorable fuera dejando paso a la reaparición de nuestros ancestrales desequilibrios económicos, seguimos sin asumir que ahora el escenario es otro y que si queremos volver a la senda truncada no nos queda otra que actuar en consecuencia individual y colectivamente.
Pero mientras el diván de nuestro psiquiatra sigue esperando a que como sociedad seamos capaces de psicoanalizarnos abiertamente y sin trampas, aunque eso, siendo latinos y españoles sea bastante complicado, cada día nos enzarzamos en polémicas superficiales. Será un desahogo, confío. Mejor eso, una vez trasladado el modelo de los programas del corazón a la información deportiva, que propugnar huelgas generales sin más cabeza ni justificación que la necesidad de ciertos dirigentes sindicales de justificarse ante sus escasos afiliados y ante los más de cinco millones de parados, por su inacción en defensa del empleo, por su permanente dejarse sobornar con dineros y más dineros. Subvenciones y privilegios para llenar sus sedes de gentes sin funciones definidas.

Bien está que se cree el marco normativo necesario para regular legalmente lo que hace siglos que lo está ética y cívicamente, la ley de Transparencia es necesaria porque la Administración está para administrar lo de todos, es decir, lo que cada uno de nosotros ponemos en mano común para su gestión y, por lo tanto, tenemos todo el derecho a saber cómo se utiliza y a qué se destina. Sin embargo le faltan dos anexos, uno relativo a la financiación, funcionamiento y gastos de los partidos políticos y otro exactamente igual para las organizaciones empresariales y sindicales, porque tanto unos como otros viven prácticamente en su totalidad de nuestros recursos, no como afiliados, sino como contribuyentes sin que nadie explique por qué. La democracia debería ser transparencia, aunque eso a algunos los desquicie.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La deuda local

La diferencia entre las buenas y las malas medidas en política las marcan los objetivos que buscan cumplir y los resultados finalmente obtenidos. A esos dos factores se circunscribe cualquier comparación, también en lo que se refiere a la financiación de las corporaciones locales de la que tanto se habla últimamente con el plan puesto en marcha por el gobierno Rajoy.

Un plan ingeniado para hacer aflorar las deudas de los más de ocho mil municipios españoles, para que haciéndoles frente de manera inmediata no se siga dañando la ya de por sí delicada situación de la mayoría de las empresas (fundamentalmente las más pequeñas y los autónomos) y para que la puesta al día sea viable para los ayuntamientos. Estos tres son los objetivos que se ha marcado el Gobierno en este ámbito concreto de nuestra economía sin que ni uno por uno, ni los tres en conjunto puedan ser considerados negativos.

Claro que no es la primera vez que un gobierno se preocupa por las corporaciones locales. El anterior ejecutivo diseñó los dos planes E, con los que hizo llegar a los ayuntamientos una cantidad económica similar a la prevista en el plan Rajoy. Pues sí, pero no. Es verdad que supusieron una importante aportación económica de la que se beneficiaron los municipios grandes y los pequeños para efectuar aquéllas inversiones necesarias que pudieran tener pendientes. Que también lo hicieron un buen número de empresas que ejecutaron las actuaciones financiadas. Y que sirvió para retener algo y durante cierto tiempo el número de trabajadores que engrosaron las listas de parados. Los objetivos pues, a priori, también eran incuestionablemente buenos.

Sin embargo, la diferencia entre ambas iniciativas es sustancial y se verá con toda nitidez cuando llegue la hora de hacer el balance de la medida actual. Porque los planes del anterior gobierno financiaban sólo en parte las actuaciones, obligando a las entidades locales a dedicar recursos propios o fruto de endeudamiento para cofinanciar, con lo que debilitó la economía de aquellos a quien pretendía ayudar. En segundo lugar, la lluvia de dinero fácil que “era necesario gastar” en un plazo muy corto, generó lo esperable. Proyectos poco maduros, poco meditados y que permitieran una rápida ejecución, con lo que muchos de los elegidos fueron simplemente “lujos asiáticos” que, en unos casos, necesitan fuertes recursos de manera recurrente para su funcionamiento y en otros, no hay posibilidad de darles un uso mínimamente continuado como para justificar la inversión realizada.

El nuevo plan es en esto mucho más sensato. Cubre deudas ya existentes, conocidas u ocultas. Exige un plan de saneamiento que permita hacer frente al pago diferido en 10 años del importe de la financiación y ayuda a aclarar de una vez lo que deben unos y otros. Y conste que en la foto de endeudamiento en Zamora y Castilla y León y en la comparación con otras provincias y regiones podemos de manera generalizada sentirnos satisfechos con cualquier comparación.

domingo, 18 de marzo de 2012

"Burulando"

A veces puede ser cierto aquello de que no hay mal que por bien no venga. Én otras ocasiones, el mal viene simplemente por el mal y ni un solo elemento positivo se puede extraer de él. Suena la voz de María Callas mientras escribo.

Iba a hacerlo, creo, de cómo la crisis de enormes proporciones en la que vivimos inmersos, hace ya tanto tiempo que ni nos acordamos de cuando empezó, puede traer algún resultado positivo para un país que sólo ahora empieza a percibir la insostenibilidad de su actual estructura administrativa territorial. La puesta sobre la mesa como una baraja de cartas desplegada de la retahíla de deudas y compromisos incumplidos de nuestros ayuntamientos y diputaciones mostrando la desproporción entre el número de administraciones existentes y el volumen de lo que es necesario administrar, puede permitir que se empiecen a tomar soluciones. A adecuar nuestro gasto público a lo que permiten los recursos que podemos generar o aportar.

Tal vez, a última hora, iba a cambiar el objeto de mi escritura para hacerlo sobre la polémica suscitada en torno al anuncio de una conocida marca de ropa y complementos de lujo, en la que un pequeño catálogo de jóvenes con apellidos conocidos basan su paso a la edad adulta alrededor de la figura de un bolso que cuesta más de lo que ganan en un mes la inmensa mayoría de los pocos jóvenes que tienen la suerte de contar con un puesto de trabajo.

No lo sé, suelo dejar que el mal llamado azar, decida por mí en ocasiones el tema de mis columnas. En esas estaba, cuando un mazazo, no por ya anunciado menos duro, hizo que entre “Casta Diva” y “La Mamma Morta”, la Callas guiara mi pensamiento hasta un instante, apenas un puñado de segundos hace ya unos cuantos años. Entendí que de las casi 500 palabras de este artículo, sólo el último párrafo es lo que quería escribir.

Fue durante la salida del Museo de Semana Santa de la última procesión del Santo Entierro a la que acudí como miembro de la corporación municipal de Zamora. Me hizo señas desde su lugar, escoltando ya el paso de Benlliure al que siempre acompañaba en su recorrido fúnebre. Me acerqué hacia él, estiró su brazo y puso en mi mano una pequeña fotografía que aún guardo en mi cartera. En el anverso “El Descendido”, magnífica y desgarrada representación del dolor físico y el sufrimiento psicológico que supone la muerte. El Hijo que yace en brazos de su madre, esculpidos ambos en una sola pieza, como vida y muerte son también una única secuencia. Inescindible continuidad. En el reverso sólo dos palabras. Una la que a él le ha faltado para vivir lo mucho que aún le quedaba, “Suerte”. La otra su apellido, el nombre por el que todos le conocíamos, “Rivera”. Ahora “burula” acogido en los brazos de su Cristo. Descansa en paz, amigo.

sábado, 17 de marzo de 2012

Imanes que repelen

En Gerona un imán, que no atrae sino que repele, explica a sus fieles cómo pegar a sus mujeres -que para el imán no deben ser fieles sino infieles-, si estas se desvían del recto proceder que no es otro sino el que el macho de la casa le imponga por su «santo» capricho. Antes que del de Gerona, se supo de otro imán en Granada que en su día educó en lo mismo. De buena parte del resto, no lo oímos porque no los escuchamos. Dice el diccionario de la RAE en una las acepciones que un imán es un guía, jefe o modelo espiritual o religioso, y a veces también político, en una sociedad musulmana.


Al menos que yo sepa y a día de hoy, la española no es una sociedad musulmana, lo cual no empece para que haya muchos musulmanes (seguro que para otros no) para los que los imanes que dicen esas cosas son sus guías, jefes o modelos espirituales y políticos. Sus líderes sociales, por tanto. No consta que tal apología de la violencia de género, como se la denomina ahora, traiga consecuencias legales para quienes la destilan.

Leemos, aunque no en grandes carácteres tipográficos, un tremendo caso ocurrido en Marruecos. Una mujer se suicida, no precisamente con muerte dulce, tomando matarratas. Su marido la maltrataba. La familia de este también. La mujer contaba solo 16 años. Se había casado tras ser violada hace un año. El violador, diez años mayor que ella, fue después su marido, con quien se casó ante la presión de ambas familias pues de este modo, según una incivilizada ley, el violador elude la cárcel.

En España, mientras tanto, representativas feministas, mudas para muchos de esos casos, se indignan tremendamente, poco menos que piden el cierre de la Real Academia de la Lengua y saltan a la yugular de uno de sus académicos porque después de un concienzudo estudio, elabora un informe en el que critica las estupideces lingüísticas que se recomiendan en la avalancha de guías del lenguaje no sexista que con cargo a subvenciones y dinero público se editan en nuestro país. Esto, según estas señoras es una aberración contra la humanidad.

El académico redactor y todos los que asistieron al pleno de la Academia y que lo respaldaron unánimemente cometen, según aquellas, una aberración contra la humanidad por afirmar algo tan obvio como que si se aplicara estrictamente cuanto predican esas guías, no se podría hablar. Desde luego, si revisáramos el lenguaje permanentemente en función de hábitos, costumbres o ideologías, tendríamos un magnífico remedo orwelliano, aunque quizás eso gustaría a algunos y algunas.

Que se le va a hacer, a unos y unas nos atraen como imanes cosas distintas que a otros y otras, sobre las que verter nuestras críticas. Será que tenemos distintos o distintas guías (¿y guíos?) o imanes (¿e imanas?) en nuestro o nuestra punto o punta de mira.

domingo, 11 de marzo de 2012

Límite M/T

Cuando hace 65 millones de años se produjo la extinción masiva de especies conocida en el ámbito científico como “límite K/T”, provocada, según la versión más seguida, por el impacto de un gigantesco asteroide sobre la Tierra, entre otros, desaparecieron los dinosaurios.

Sin embargo hoy, año arriba, año abajo, 65 millones de años más tarde, nos preguntamos, ¿pero de donde han caído estos tíos? Uno no sabe qué castigo han cometido los trabajadores de este país y entre ellos los pocos afiliados a los dos sindicatos mayoritarios para que les hayan tocado en suerte Toxo y Méndez, Méndez y Toxo. Ni en el siglo XIX cuando sí hacían falta sindicatos “de clase”, hubieran sido estos líderes hombres de su tiempo. Hoy son simple y llanamente dos estratosféricos y anquilosados en formas, lenguajes y actitudes, rescoldos del Cretácico.

Conozco a muchos sindicalistas y no es cierto que todos sean unos jetas como sus jefes, no es verdad. Algunos sí, igual que hay políticos mangutas, banqueros estafadores, periodistas bienpagados, abogados sin escrúpulos o peones sinvergüenzas. Pero no todos los sindicalistas son como sus dos jefes actuales. Sigue habiendo idealistas, también pragmáticos, gente honrada que defienden a los suyos desde su sentido de la justicia y la defensa de los derechos que les asisten.

Tampoco ha habido nunca una confluencia de liderazgos tan esperpéntica como la actual. Ni Marcelino Camacho, en su pulcra e intachable integridad o Nicolás Redondo con sus principios grabados al fuego a prueba de lisonjas y canonjías. Ni siquiera Antonio Gutiérrez, con su perspectiva práctica y realista, ni mucho menos José María Fidalgo, quizás el que con mayor denuedo buscó unos sindicatos modernos, apegados al suelo e incardinados en la situación real del siglo XXI, alejado de dogmatismos antediluvianos, abierto al mundo y al futuro.
Quién iba a pensar que tras ellos, los ciudadanos íbamos a tener que encontrarnos con la aparición de dos dinosaurios de mensaje obsoleto e hipócrita, alimentados a base de subvenciones y despilfarro como Toxo y Méndez, Méndez y Toxo. No hay otro país medianamente moderno, civilizado y democrático donde encuentren parangón. No lo hay. Sólo a ellos se les podía ocurrir tratar de convertir en jornada de protesta y manifestación la fecha en que se conmemora la más trágica acción terrorista en nuestro país. Un 11-M que debería ser y será para el silencio, el sentimiento colectivo y el recuerdo de las víctimas quieren convertirlo, mezquinos, en algarada y grito.
No podían dejarlo para el siguiente fin de semana porque claro, es puente. Claro que en el pecado llevarán la penitencia, aunque a qué precio. Con el fracaso de hoy, que lo tendrán aunque algunos medios lo disfracen y el ridículo de la huelga ¿general? del 29, antes siquiera de los 100 días de gobierno, estaremos más cerca, y eso es bueno, del límite M/T. Méndez y Toxo, Toxo y Méndez.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Por Fermoselle

Dicen los concejales de la oposición que han permanecido encerrados en el Ayuntamiento de Fermoselle que están satisfechos porque a través de los medios de comunicación han llegado con su protesta a lugares a los que de otra forma no hubieran podido hacerlo. Seguro que tienen razón en eso, aunque nada les resuelve a ellos ni beneficia a sus convecinos.

Desconozco y por lo tanto seré prudente en ese sentido, la situación real respecto de las mociones que según denuncian el alcalde no les deja presentar en los Plenos. Lo que sí sé es que, en democracia, el cauce para hacer valer los derechos amparados por la ley para los miembros de la oposición, no son los encierros, las huelgas de hambre o similares ejercicios de fuegos de artificio al estilo de las algaradas callejeras, sino precisamente aquellos cauces que la propia ley establece y que se garantizan por la Justicia. Si el Alcalde incumple la ley tan flagrantemente como dicen, se arriesga a una pena de inhabilitación para tal función que es, imagino, lo que más satisfechos los dejaría a ellos y en peor lugar a él.

Las instituciones merecen el máximo respeto, porque no son sus dueños quienes en un momento determinado las conforman, sino el conjunto de los ciudadanos y por eso en ellas son tan trascendentales las formas aunque vivamos tiempos en los que se tiende a restarles importancia. El respeto lo debe en primer lugar quien gobierna, pero nunca en menor medida quienes ejercen la oposición y no vale todo, aunque siga habiendo muchos (malos pero a menudo exitosos) políticos convencidos de que el fin justifica los medios.
Ya sé que me dirán que mientras la Justicia resuelve se nos va el cerdo en cataduras, pero esas son las reglas del juego y, en ese ínterin, conviene no olvidar que, voto a voto, la candidatura del actual alcalde obtuvo más respaldo de los fermosellanos en las urnas que todas las demás juntas, por mucho que las desavenencias internas con las que empezó su grupo el mandato hayan determinado que el equilibrio de fuerzas se haya visto modificado entre los concejales. Bastantes más del doble de votos que los otorgados a la segunda fuerza política, confieren al alcalde toda la legitimidad democrática.
Viví en Fermoselle entre los cinco y los ocho años, en el último de los números pares de la calle de Requejo. No es pueblo sino villa y por sus rincones sinuosos se respira de manera singular el halo de su gran e importante historia. Me gusta y lo admiro. De allí me vine a Zamora no sin disgusto. Hay muchas cosas por hacer en los más de tres años que restan de mandato corporativo. Demasiado tiempo y en tiempos demasiado complicados como para que el enfrentamiento personal sea el hilo conductor de la vida municipal y no se encuentre entre unos y otros la ruta compartida en beneficio de los vecinos.

domingo, 4 de marzo de 2012

Obligaciones y derechos

¿Estamos locos, o qué? Como una noticia más recogen los periódicos que los padres de una adolescente han sido detenidos por castigarla sin salir un fin de semana. La criatura, con 16 abriles a sus espaldas se largó de casa y acudió a la Guardia Civil a denunciar que sus progenitores, por lo que ella debió considerar un abuso intolerable de las obligaciones que conlleva la patria potestad: le habían prohibido salir el fin de semana.
Como será la “niña” que los padres, en proceso de separación y que por lo tanto seguro que no se ponen de acuerdo en muchas cosas, sí que coincidieron ambos en la necesidad del castigo impuesto y la bondad de éste para la educación de una persona que con 16 años y según ha declarado su madre “hace cosas que no debiera” y por ello debe ser regañada en determinadas ocasiones.

Ahora el padre se enfrenta a la posibilidad de ser juzgado por un delito de detención ilegal. Veremos si sirve de algo el sentido común que debería presidir en todo caso la aplicación e interpretación de las leyes. No me extraña que la madre se haga cruces diciendo algo que a algunos les parecerá tan estrambótico como que sólo tratan de educarla y que la Justicia está así, matan a una niña, como Marta del Castillo, le hacen perrerías y los autores están en la calle, mientras a unos padres no les dejan educar a su hija adolescente.

Lo peor de todo no es el asunto en sí, que probablemente quedará en mera anécdota, sino la base sociológica de tontería supina en la que nuestros comportamientos sociales se van moviendo a medida que avanzamos en un tiempo en el que con excesiva frecuencia, demoler lo acostumbrado solo sirve para dar paso a la nada más estúpida. O lo que es peor, a la asunción como natural de la intromisión del Estado en esferas tan privadas como la familiar y la educación de los propios hijos.

Ahí está el quid de la cuestión. El derecho a educar forma parte de manera inescindible de la patria potestad, que es obligación y responsabilidad, pero también derecho de los padres. En muchos países se admite incluso el derecho a la libre educación (en este caso, entendida como instrucción) de los hijos por parte de los padres, al margen del sistema educativo institucional. En España aún no, aunque son numerosas las familias que lo piden.

Sin llegar a esto, la educación entendida como formación de la personalidad, corresponde de manera irrenunciable a los padres en función de su libertad individual siempre que no atenten contra la integridad de los hijos, no al Estado. El libre albedrío de la voluntad individual tiene que tener ámbitos en los que desenvolverse sin la intromisión de lo comunitario. Lo contrario es renunciar a la libertad, aceptar el totalitarismo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Sanabria, algo pasa

En pleno invierno los incendios acosan Sanabria. Llevamos tantos meses sin lluvia que hasta los rincones más verdes de nuestra provincia se agostan en febrero y así son fácil pasto de las llamas. No sé quién prende el fuego que todo a su paso lo arrasa, pero sí sé que hay que poner todos los medios para evitarlo. No es asumible que lleguen a producirse más de 20 focos intencionados en un solo fin de semana. Quien juega con fuego acaba quemándose, nos repetimos mil veces, aunque en ocasiones, algunos, los que encienden la tea destructora no sean tan siquiera conscientes del daño que hacen y se hacen.

Cuál es el objetivo de tal aberración. Cuál el beneficio que consigue quien en ella persevera. No hay sentido ni razón. No hay causa válida ni justificación. Tampoco cabe generalizar y divulgar que las víctimas, que son muchas, son los culpables, que sólo son unos pocos, muy pocos. Hay que pedir un esfuerzo a los habitantes de aquella zona para que permanezcan vigilantes en defensa de un monte que si es de todos, es sobre todo suyo y si se pierde, es para ellos para quienes más se pierde.
He hablado con vecinos de Sanabria, en esta ocasión y también en otras. He hablado con algunos de sus alcaldes, de sus empresarios, de quienes llevan toda la vida habitando Sanabria y la Carballeda y aunque no me hacía falta hablar con ellos para saberlo, siempre compruebo que nadie quiere más a su tierra, nadie la respeta más ni busca con más empeño su protección que “los lugareños” tal y como fueron denominados recientemente por un alto cargo de la política provincial.

Por eso, cuando una oleada tan salvaje de incendios se produce de la manera que lo está haciendo y en fechas tan atípicas, no puede deberse sólo  a que la alarmante falta de agua convierta en yesca la vegetación entera. Si ello fuera, seguiría faltando la chispa que lo provoca y es verdad que ésta proviene de manos irresponsables. Aunque algo más pasa cuando esas manos parecen multiplicarse a la vez que se cierran los ojos que deberían verlo, las bocas que habrían de denunciar a los incendiarios.
Quizás sea también hora de que quienes desde la Diputación y la Junta rigen políticamente  en los últimos años los destinos de nuestra provincia, se pregunten cuál es la motivación, casual no puede ser, para que quienes más deberían defender lo suyo no lo hagan con la convicción esperable. Me dicen algunos de mis interlocutores, y ninguno de ellos es pirómano, que el sanabrés se siente expropiado de los derechos sobre su tierra, que planes y medidas que no entienden, publicitados a bombo y platillo, les son impuestos desde fuera, que se ven arrinconados como los comanches en el viejo oeste en una política medioambiental de laboratorio que los considera ajenos al futuro de su comarca. No sé qué, pero algo pasa.